¡ATRÁS, UN MILLENNIAL!

Collage by Joao Pombeiro


CARTA A ANTONIO NAVALON EN RESPUESTA POR SU ARTÍCULO: 
"MILLENNIALS: DUEÑOS DE LA NADA."

Señor Navalón, permítame que me presente: me llamo Cynthia, y nací en 1990. Sí, soy millennial. ¡No salga corriendo aún, hombre, déjeme explicarle! He llegado a su artículo a través de amigos y compañeros -también millennials, sí- que lo han compartido indignados en sus perfiles de redes sociales. Para acusamos de ser una generación con horchata en las venas, aquí llega la primera contradicción. Empezamos fuertecito. Sepa usted que voy a tomarme la licencia artística de incluir un par de memes -exponente gráfico millennial clarísimo, ¡qué desfachatez!- para dar más fuerza a mi discurso. Que no se diga que no le he avisado.

¿Vale la pena construir un discurso para aquellos que no tienen la función de escuchar? Voy a comenzar mi carta hacia usted citando y formulando exactamente la misma pregunta con la que comienza su panfleto de propaganda desactualizada de su columna digital -una se pregunta si un texto tan poco fundamentado hubiera o hubiese tenido cabida en la edición impresa... Aunque de todos modos es gracioso que usted lance una pregunta y mantenga cerrados los comentarios del artículo. Just saying. Estoy segura de que usted no va a escucharme, pues apuesto que a estas horas estará leyendo el efecto que sus palabras han provocado en todos los que hemos perdido unos valiosísimos minutos de nuestras vidas leyéndolas, pero de todas maneras voy a tomarme mi tiempo para construir mi discurso. Iré directa al grano: su artículo es, a todas luces, ofensivo. Así de claro. No podía dejar de horrorizarme mientras lo leía. Para la persona leída y estudiada que considero que debe ser un colaborador de una publicación de renombre como es El País, ahora mismo usted se me antoja como un gruñón. Sí, un auténtico gruñón de proporciones caricaturescas, de esos con una gran nariz, maldiciendo a espuertas y con pelillos saliendo de las orejas. Quizá hasta tenga en el bolsillo un par de pitufos maniatados, qué se yo.

Casi puedo imaginarme el proceso de gestación de su tan gloriosa columna de hoy: usted caminando tranquilamente por una céntrica calle de Madrid, siendo de repente empujado por un chaval que no llegará a los 20 años. Molesto, en ese mismo instante decide que todos los "jóvenes" han perdido el respeto por el civismo, tanto que hasta han olvidado cómo caminar por las aceras. Levanta un poco más la vista y ve a un grupo de chicas hacerse unos selfies por la calle. Se ríen y posan como si estuvieran en el salón de su casa. "Defintivamente, solo viven para sí mismos" sentencia usted para sus adentros. Es como si le viera. Mientras vuelve a casa en Metro o por las calles de Madrid (no conozco sus preferencias en materia de trasporte urbano, pero le hubiera recomendado la vuelta en el subterráneo madrileño, quizás tendría ¡incluso más! material para este artículo) un jugoso artículo va tomando forma en su cerebro, junto a la maravillosa sensación de alivio al saber que ya se ha quitado de encima la columna de esta semana. Nada más llegar a casa decide descargar toda su rabia y frustración sobre los cuasi-nativos digitales en ese texto que será publicado en la edición web del periódico, valga la paradoja. Sus dedos vuelan, echando humo sobre el teclado, y usted se relame de gusto pensando en lo increíblemente brillante que está siendo su para nada generalista columna de opinión sobre esta generación de vagos y maleantes 2.0.


 A mí me gusta mucho preguntarme por la esencia de las cosas, y está bien claro que su artículo es, en esencia, la ya gastada cantinela acerca del poco respecto de las nuevas generaciones por sus mayores. Un disco ya rallado, pero que siguen oyendo aquellos que están demasiado asustados por este mundo cambiante, usándolo casi como escudo en cuanto alguien se atreve a desafiarles. ¡Ingenua de mí, que creía que estábamos en el año 2017...! Y no sé si de manera consciente o inconsciente, parece que usted ha intentado emular a uno de esos tan denostados millennials incenciando las redes con su artículo y sonriendo tras la pantalla al ver cómo se convierte en viral. De nuevo muy paradójico todo. Pero bueno, ya ha logrado usted escribir otra columna más, como le decía, ya se ha quitado de encima la de esta semana. Saludaré de su parte a todos mis conocidos trabajando gratis en medios escritos que se niegan a pagarles en otra cosa que no sea "prestigio y experiencia". Pero ese es otro tema, ¿verdad? Quizás si nos esforzáramos más, ¿verdad?

Senor Navalón. voy a decirle algo: conozco a muchos millennials, aparte de ser yo uno de ellos. Millennials con trabajo fijo y otros sufriendo saltando de uno en otro. Millennials que ya son padres y se buscan la vida para poder dar a sus hijos una educación tan buena como la que tuvieron la suerte de recibir de sus padres. Lo crea usted o no, ¡sorpresa! no todos somos carne de realities como Hermano Mayor o Gandia Shore, por mucho que usted se esfuerce en retratarnos así. Los nacidos entre 1980 y 2000 somos muchos, más que las 4 ó 5 personas con las que usted quizás haya tenido un encontronazo o una mala situación. Pero claro, eso no crea titulares. Generalizar sí que da titulares, y muchos, muchos clicks...

Permítame obsequiarle con una perspectiva mucho más -ya que le gustan tanto los vocablos anglosajones ¡ni que fuese usted un millennial, LOL!- con una perspectiva mucho más de insider acerca de cómo somos en realidad. Empezaremos por lo obvio y que usted ya sabe: somos las personas nacidas entre los años 1980 y 2000. Esto quiere decir que, tanto una mujer de 37 anos como un chaval de 17 son millennials, y a usted le parece lo más lógico del mundo medir a los dos por el mismo rasero. ¡Qué más da, todos al mismo saco!  Nos acusa de no encarnar un salto cualitativo y social frente a nuestros mayores, pero como bien mencionan en este artículo de Vanity Fair dedicado también a usted, hay bastantes millennials que se dedican a algo más que a usar al filtro del perro en Snapchat. Es curioso, además, que en una de las primeras frases de su alegato diga que todas las generaciones que han despuntado en la historia han tenido derecho a cometer sus propios errores, cuando usted no nos está pasando ni una y a usted parece que le han perdonado bastantes. Es una maravilla ver cómo no soy la única a la que sus palabras le han revuelto los intestinos. Ahora tiene que tener el móvil echando humo de las notificaciones, ¡se quejará!

Creo que el párrafo con el que usted se corona dentro de su artículo es: "No existe constancia de que ellos hayan nacido y crecido con los valores del civismo y la responsabilidad. Hasta este momento, salvo en sus preferencias tecnológicas, no se identifican con ninguna aspiración política o social. Su falta de vinculación con el pasado y su indiferencia, en cierto sentido, hacia el mundo real son los rasgos que mejor los definen.' Meterse con nuestra educación, con nuestro civismo y responsabilidad, es meterse directamente con las personas que se encargaron y se sacrificaron por ello: nuestros padres. Y ellos ya no son millennials...¿qué excusa tiene ahora? De nuevo anda usted generalizando, arrojando el confetti de su estupidez mientras le da sorbitos a una copa llena de ignorancia. Buena suerte con esa resaca.

De verdad, ¡su artículo no tiene desperdicio! "Aquellos millennials que viven sumergidos en la realidad virtual no tienen un programa, no tienen proyectos y solo tienen un objetivo: vivir con el simple hecho de existir. Al parecer, lo único que les importa es el número de likes, comentarios y seguidores en sus redes sociales solo porque están ahí y porque quieren vivir del hecho de haber nacido." (...) Pero, además, que sepan que el resto del mundo no está obligado a mantenerlos simplemente porque vivieron y fueron parte de la transición con la que llegó este siglo del conocimiento." Muchos de nosotros -la gran mayoría- estamos trabajando duro para lograr nuestras metas. Digo metas cuando en realidad debería decir "cosas lógicas", como por ejemplo, que te paguen en un trabajo. O no tener 35 años y seguir siendo becario. O intentar encadenar trabajos que duren más de 3 semanas. O algo tan sencillo y lógico como independizarnos. Pero fíjese, algunos debemos ser tan vanidosos y vagos que no podemos hacerlo porque estamos ayudando a pagar las hipotecas de nuestros padres. Sí, padres que en muchas ocasiones son parados de larga duración de más de 50 años, despedidos de sus trabajos de toda la vida por jefes nada millennials. Padres con hipotecas concedidas por banqueros para nada millennials. ¿También tenemos la culpa de eso? Se le llena a usted la boca con lo de falta de vinculación con el pasado, mientras no podemos estar más vinculados con él. Precisamente, nos esforzamos cada día por no repetirlo.



Dice usted que le encantaría conocer una sola idea millennial que no fuera un filtro de Instagram o una aplicación para el teléfono móvil. Estoy segura de que usted ni utiliza twitter, y que Dios le guarde de tener cuenta en Instagram ¿Qué clase de brujería es esa? ¡Las fotografías te roban el ánima! ¡Malditos millennials con sus inventos oscuros y antisociales!



Me parece de lo más divertido que nos acuse de indiferencia social, cuando usted está ejerciendo la más contagiosa de las demagogias con su artículo. Somos la generación más consciente de que el odio y los prejuicios no llevan a ninguna parte, la generación que está haciendo uso de todas las herramientas habidas y por haber para extender nuevas maneras de ver el mundo y fomentar la unión entre culturas y el destierro de fanatismos, y ahí está usted, dando un salto atrás en el tiempo, metiendo cizaña y alentando a los aldeanos en contra de ese ogro que vive en una ciénaga y se llama Millennial. Por gente como usted, lo que antes era una simple palabrita curiosa y ocurrente para denominar a una generación, ahora es un término casi ofensivo.

Por último, voy a intentar responder a sus preguntas: ¿Vale la pena construir un discurso para aquellos que no tienen en su ADN la función de escuchar? De nuevo, dígamelo usted. ¿De quién estamos hablando? ¿Vale la pena dar un paso más en la antropología y encontrar el eslabón perdido entre el millennial y el ser humano? Dios mío, pare. ¡No estoy preparada para este festival del humor! ¿Vale la pena conocer la última aportación tecnológica y vivir queriendo influir con ella en un mundo que históricamente se ha regido por las ideas, la evolución y los cambios? Por supuesto, si influyendo con ella logramos todavía más cambios, ideas y evolución. ¿Qué clase de pregunta es esa?

Déjeme darle, de hecho, la razón en una sola cosa: el futuro está, de hecho, en medio de la nada. El futuro es incierto, siempre lo ha sido, y usted no está descubriendo nada nuevo con esta afirmación y mucho menos pronosticando el próximo apocalipsis. Realmente los millennials no sabemos qué va a pasar con nuestras vidas. No lo sabemos ahora como tampoco lo sabía usted cuando tenía 25 años, no se me haga el loco. No sabemos qué va a pasar con el cambio climático. Ni con el terrorismo. Ni con nuestras pensiones (sí, tenemos menos de 37 años pero también nos preocupamos por eso, ¿lo sabía?) Lo único que sabemos -y sobretodo hablo por mí y por la gente que conozco- es que no tenemos miedo, porque precisamente gente como usted contribuye a que tengamos más ganas de dar carpetazo a todos estos prejuicios. Vamos a luchar por lo que es justo, a votar en las elecciones, a manifestarnos cuando haga falta, a hacernos oír. Y así cada día de nuestras vidas.

Me despido de usted dejándole algo claro, para que no se marche de aquí con mal sabor de boca: Esto no es una guerra generacional. Por mucho que usted quiera convertirla en una, nosotros tenemos cosas mucho más importantes de las que ocuparnos, como por ejemplo, el resto de nuestras vidas. Estoy segura de que me habré dejado alguna cosa en el tintero, pero mi cabeza el mensaje está bien claro: estoy orgullosa de ser lo que soy. Millennial. Mujer. Ser humano. No tengo que avergonzarme por ser joven, disfrutar de los avances que me rodean y que me abren puertas que hubieran estado cerradas a cal y canto hace 40 años. Le doy las buenas noches y le regalo un consejo: relájese un poco y disfrute de la vida. Utilice su -dudoso- talento en contribuir a un mundo sin odio y más justo, no todo lo contrario. Y si quiere conciliar un poco el sueño después del emocionante día que ha debido tener hoy, puede dedicarse a contar millennials en sueños. Le aseguro que tendrá para rato...

Cynthia.

2 comments:

  1. Hola Cynthia. Me encanta ver cómo Navalón ha tenido una gran contestación social y que las ideas con las que muchísimos millennials hemos contestado son muy parecidas. Os dejo también la opinión que escribimos en yanguru.es por si os interesa. Un abrazo!

    https://yanguru.es/2017/06/13/estimado-antonio-navalon/

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    1. Muchas gracias Jesús, a mí me ha encantado el artículo de tu blog! He intentado comentar pero me pide que me registre en Wordpress :'(

      Volviendo al artículo, es genial como nosotros, los "malditos millennials" cada vez tenemos las cosas más claras. :)

      Un abrazo!

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